De su caligrafía se desprende la silueta de un pájaro empeñado en surcar el océano, hasta morir. No le hace justicia el diccionario, que apenas le dedica una palabra con cierto halo de desprecio "acechar". Y sí, el pájaro avizor acecha, pero también se llena de inmensidad en cada mirada, como si pudiera rastrear el más mínimo detalle en sus vertiginosos vuelos. Desde mi atalaya contemplo con envidia al ave e intento con la pluma avizorar los enigmas en ciernes que trae la mañana.