jueves, 24 de marzo de 2016

Pétreo/a

Esta entrada es un homenaje a un autor norteamericano del que no sabía nada hasta que una amiga y un buen libro me abrieron los ojos: Herman Melville. Su obra es sin duda una riquísima producción de gran excelencia lingüística, entretenida, sofisticada, íntima, reflexiva y profundamente crítica de los efectos salvajes del capitalismo. He leído varios de sus cuentos, pero todavía me debo tanto la lectura de su novela como del famoso relato de Bartleby, el escribiente. Justamente en uno de ellos me encontré esta palabra, que en el momento justo de la narración servía como adjetivo para sintonizar al lector con la particular atmósfera londinense de la primera mitad del siglo XX. "Pétrea atmósfera londinense" más que una descripción es una sensación, un desencuentro, una escena donde la densidad del aire alcanza el nivel más áspero, la pura roca. Muchas veces me siento así con mi ciudad, pero también con la gente, con los textos, con los autores, con el país... nunca con la música ni con la poesía.
Pétreo también es el corazón de la montaña, la existencia de las abuelas y los pagamentos de nuestros indígenas. Es entonces cuando la piedra deja de ser hosca y se hace sabia, se hace conservación y memoria de la naturaleza. Tal vez esa memoria se topó con Melville por allá en sus épocas de harponero y lo confrontó con esa pregunta profunda por la divinidad que nos legó para siempre en sus escritos. Pétrea mirada, pétreo silencio, espíritu perpetuo.