domingo, 25 de enero de 2026

Abscisión

¿Por qué las hojas de los árboles caen en otoño? ¿Por qué pierden su color y se dejan ir? Esta pregunta, traída por el cantante Ian Bostridge en el libro que dedica al análisis musicológico de <<Viaje de invierno>> de Franz Schubert, me topó de frente con la palabra abscisión, proceso natural por medio del cual una planta se separa de una parte de sí misma. En la serie de canciones de Schubert el viajero, golpeado por el desamor y aislado del concepto moderno que encarna la sociedad de su tiempo vaga por un mundo invernal. El encuentro con una hoja sacudida por el viento es la imagen de sus temores mas profundos [y si la hoja cayera al suelo/mi esperanza se desplomaría con ella]. 
En el invierno las hojas caen inexorablemente. Es un mecanismo programado, una incisión o un corte que tiene funciones protectivas y/o defensivas para el organismo vegetal como la eliminación de partes enfermas, reducción de pérdidas o la dispersión de flores y frutos. El temor del viajero, la imagen de su esperanza, está destinada a sucumbir como parte de un programa natural que, paradójicamente, hará posible más adelante muchas más hojas, flores y vida para disfrutar. 
Abscisión es una renuncia forzosa pero necesaria, desde el propio cuerpo, para dar paso a algo más. En la zona de abscisión, donde se produce el desprendimiento, se condensa una capa de células especializadas que se rompen o se disuelven dejando una cicatriz protectora. El árbol se desprende de una parte de sí, pero también puede cuidarse, protegerse de posibles plagas o daños colaterales en el proceso. 
No pude evitar pensar en nuestras pérdidas, las humanas, que la mayoría de las veces no son programadas pero que sí nos exigen la renuncia íntima, corporal, vital. ¿Cómo hacernos a una zona de abscisión en el proceso de elaborar la pérdida? ¿Cómo confiar en que aún cuando la hoja se desprenda la esperanza no se desplomará con ella?

lunes, 8 de diciembre de 2025

Hendir

"Aquel tic tac hendiendo implacable el mar del tiempo, hacia adelante, siempre hacia adelante". Maria Luisa Bombal describe poéticamente en el relato La historia de Maria Griselda el modo impasible en que el reloj se abre paso sobre la existencia, abre una hendidura en la vida tal cual es para pautar una secuencia de los acontecimientos, marca lo cerca que estamos del fin del día, de los dias. No conocía el verbo hender, acaso nos habiamos tropezado en alguna lectura de manera casual y yo, soberbia, pretendí saber su significado y lo traté como a cualquier vecino. Esta vez la belleza de la frase me retuvo y pude advertir mi equivocación. Hender: crear una abertura, una grieta o una hendidura. Romper una multitud de personas u objetos. Es un verbo irregular, dice el diccionario, que se conjuga como el verbo entender. Me quedo enredada en esa idea, como malahierba en la ropa luego de una caminata por la montaña: entender algo, discernirlo es tambien hendirlo. 

domingo, 12 de marzo de 2023

Suspensión

 Estado de suspensión. Suspensión de las funciones. Detenimiento. El fin definitivo. Enfrento un momento en el que tengo claro hacia dónde ir, pero no encuentro las fuerzas favorables para hacerlo. Soy presa de un choque de tensiones y mi voz se arrincona en las cavidades de cartílago. 

Suspensión como acción y efecto de suspender. Un acto de censura o corrección eclesiástica o gubernamental que priva el desarrollo del oficio en cuestión, así como del goce de los beneficios que otorga. Suspensión como conjunto de piezas y mecanismos que amortigua el peso de la caja de un vehículo sobre  las ruedas, suavizando el rodamiento. Suspensión también es la extensión de una nota sobre otra hasta causar disonancia, aplazamiento de un enunciado, deuda puesta entre paréntesis cuando se trata de los pagos, permanencia de un sólido en un fluido sin disolverse, mezcla heterogénea. La suspensión puede convertirse en una condena, una reprimenda.

La suspensión es mi forma de existencia. Suspendo todo y me suspendo entre promesas y palabras. Estoy suspendida de la vida y pongo mis acciones entre paréntesis. 


 

lunes, 12 de octubre de 2020

Trizadura

Me encuentro esta palabra en la voz de Zambra hablando de Ribeyro y las paredes de mi habitación se hunden sin quebrarse del todo bajo el influjo de los Andes y los compases de las cuencas. De repente los aires chilenos se condensan en las grietas hasta convertirse en palabras nuevas, nombres solo posibles en una lengua que evocan la semejanza cromática entre Santiago y París. Dice Manuel Salas Lavaqui, secretario de la Academia chilena de la lengua, este provincialismo se emparenta con el verbo flêner, que expresa la idea de una superficie que se hiere finamente sin que sus partes se separen. A diferencia de hender,  vocablo según el cual las partes devienen en pedazos que caen en algún momento, "una copa trizada no deja escapar una gota del líquido que, como una ampolleta trizada mantiene en el interior su vacío sin que se le introduzca el más leve fluido". Trizadura de la ilusión de lo que creí ser, en la que me distorsiono cada mañana cuando a pesar de reconocerme como pura Tabula rasa termino repitiendo el rosario de inhibiciones por las que me acuesto llorando cada noche. Trizadura de esta misión prometeica de renacer en la oscuridad para ser devorada inevitablemente con el resplandor del día, por las fauces de una ave monstruosa en la cual me reconozco justo antes de desfallecer en el crepúsculo.

martes, 8 de octubre de 2019

Porfiar

Una voz violenta y regular, golpe metódico de la marea sobre la costa, trae a mis oídos esta palabra, que no recuerdo haber leído pero que hace parte del vocabulario de grandes amigos. Me sorprende darme cuenta de su ausencia en el mío. Dice el diccionario de porfiar es un verbo intransitivo, acaso intransigente, destinado a designar el acto de disputar obstinadamente y con tenacidad, continuando insistentemente una acción para cuyo logro se halla resistencia. Como en el amor, la amistad o la guerra porfiar señala un destino perverso, capaz de los peores niveles de persistencia a pesar de saber que no hay manera. Porfiar es el verbo de los ilusos y los tercos, de los que se estrellan una y otra vez en el acantilado soñando con el día en que se destrocen las piedras y sus olas puedan conquistar el horizonte.