En lo Ominoso, texto publicado en 1919, Freud nos recuerda el carácter contradictorio del lenguaje siguiendo el fino hilo de Ariadna de la etimología. La misma palabra que sirve para designar aquello se usa en sentido exactamente contrario en otros contextos o lo que en su origen expresaba una afirmación hoy se toma como una negación taxativa del asunto en cuestión. Precisamente ese es el caso de lo ominoso, en alemán Das Umheimliche, que haciendo referencia a lo más extranjero termina hablándonos de lo más íntimo, como si en el centro del lenguaje persistiera la terrible tentación de irse a la cama con el enemigo declarado o apenas concederle un gesto de apatía a aquel con el que hemos vivido toda la vida.
Catalizador se hace parte de este ilustre linaje de palabras no por su significado en sí, sino por el uso que tiene en la conversación corriente. Me sorprendo hablando de catalizar las tensas relaciones de la empresa, cuando lejos está atemperar de "estimular el desarrollo de un proceso". El primer impulso tras la corrección pública a cargo de un amigo mejor ilustrado es sin duda la negación; "otros lo hacen así", "busquemos en el diccionario", "apostemos un almuerzo". El cementerio de las irreverentes construcciones lingüísticas no miente, esta vez. Sea entonces la ocasión para homenajear este sustantivo, adjetivo y con ligeras variaciones verbo, que desde la química hasta la mecánica, pasando por la psicología, la sociología y la filosofía, nos recuerda la magia insondable del movimiento. Un vocablo digno de Spinoza.
sábado, 28 de junio de 2014
viernes, 27 de junio de 2014
Invisible
In-vi-si-ble. Si algo me gusta de esta palabra es lo bien que a veces me identifica. In-vi-si-ble. Como si viviera adentro de algo que sucedió en el pasado, afirmativo, sonoro, versátil; como si las personas que espero me atiendan se empeñaran en mantenerme al margen de un goce secreto y pequeño, del que estoy exiliada porque no me veo. De invisible a inviable no hay más que un paso. Mirarme al espejo es una forma mas de sentirme desconocida por el mundo, por lo que vago sin tregua para evitar su contacto.
domingo, 8 de junio de 2014
Crisol
Nada más hermoso que la sensación luminosa y amarilla de esta palabra, escasa en los libros de texto, pero bien recibida en los escritos literarios, desde la poesía hasta el cuento. Tuvo mejores épocas al abrigo de las intenciones del alquimista o de algún letrado convencido de que sólo al calor del fuego se forjan las grandes ideas. De ese origen primario, esforzado y vigoroso poco sabemos, convencidos del divorcio irreconciliable entre el trabajo manual y el cálculo mental, ahora gestado en la entelequia de la tecnociencia. Entre tanto, algunos siguen disfrutando del tintineo cristalino de su voz y el sofisticado matiz que le otorga al siempre fatigoso ejercicio de producir discurso. Como la Floralis genérica de la tierra porteña se niega a cerrarse para siempre.
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