Pasmado de frío, aterrado o por la fuerza de la naturaleza o por la descarnada frialdad humana, capaz de los crímenes y las acciones más terribles. En virtud de la zona donde se encuentre, el aterido puede responder a una o las dos condiciones, siendo lo segundo lo más probable en las montañas colombianas. Estando en el páramo, la primera resulta ser una constatación dulce, ensombrecida por las amenazas económicas e industriales.
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