Marca de una experiencia imposible de racionalizar, incrustada en el cuerpo y capaz de nublar los ojos más firmes. El uso pretérito del verbo captura con buena intención y total dificultad cierto aire de nostalgia, acaso motivado por la impresión de la bondad potencial de toda acción humana o del espectáculo de la naturaleza.
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