domingo, 17 de agosto de 2014
Óbolo
En una época donde el esfuerzo y el compromiso son anacronismos, las pequeñas contribuciones resultan ser grandes monumentos a la fe en un mundo responsable, sensible, humano. Desde la moneda griega lanzada para dirimir algún conflicto o para hacer del intercambio un ritual cotidiano, hasta la colecta de una mujer (acongojada por el robo de un dinero ajeno que acaba de sufrir) se teje una cadena luminosa y frágil; óbolos mínimos y de todas las facturas, ofrendas a la vida colectiva, reivindicación del don como estructura elemental de las relaciones sociales. En su registro la densidad de la deuda no existe, sólo está el dulce sabor de la satisfacción con uno mismo.
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