sábado, 7 de noviembre de 2015
Apócrifo
martes, 3 de noviembre de 2015
Funámbulo
sábado, 24 de octubre de 2015
Orlar
Días después, por otras razones, tropecé con la definición de orla, que según el diccionario tiene dos acepciones. Es al tiempo una "Franja o tira de adorno que se graba, se dibuja, se añade o se estampa en la orilla de un papel, una tela o un objeto" y un "conjunto de retratos fotográficos de estudiantes y profesores de una promoción, cuando terminan sus estudios o consiguen el título académico correspondiente". Entonces pensé en el precioso encaje de espuma a la orilla del mar o las memorias familiares, decenas de fotos amarillas que bordean el vacio alrededor del cual se tejen las historias. He ahí el sentido oculto del íntimo y espontáneo ejercicio de orlar... la palabra.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Ripio
Hace tiempo que me encontré esta palabra y antes de hacer homenaje a su nombre quiero dedicarle algunas lineas que no sean ripios. ¿Cuántas veces en el afán de la rima no destrozamos la carroña del cementerio y echamos mano de esas ruinas? Aquel conjunto de vocablos inútiles para decir cosas insustanciales se instaló en nuestros versos, buscando completar el hueco constituyente de la lengua y dejando tras de sí un rastro de residuos huérfanos. Tal vez esa condición los hizo caros a los caminantes, que haciendo camino al andar vieron allí el material perfecto para pavimentar los senderos. De aquí también su otro significado: estar atento, no perder ocasión. Es esa la demanda secreta del camino.
Maligno
La fuerza de su voz evoca los poderes del reluciente espejo de agua donde Narciso encontró la muerte. Maligno se despliega sobre el papel como una flor seductora y contundente, mirándonos a los ojos y sonriendo en su oscuridad: sí, tu también lo eres. El adjetivo cobra vida y revela esos territorios del ser, nativos de las tinieblas pero existentes. Maligno es quien causa el mal, tiende a él, lo desea y se lo goza con descaro. Malignos somos todos en la intimidad del espejo, en sus horas más transparentes, cuando la solemnidad de las palabras calla, cuando nos dejamos ser nosotros mismos.
domingo, 26 de abril de 2015
Huero
Intento conectarme con un curso de corrección de estilo en línea y ahí me encuentro esta palabra, justo en la mitad de un discurso. Al principio me inclino por ver allí una digitación equivocada; prosigo la lectura sin perder el hilo del sentido y al final del párrafo logro tener un concepto claro de lo explicado. Sin embargo, no me siento tranquila. Vuelvo al discurso huero, pulso la ventana del buscador y me sorprendo, porque sin quererlo estuve a punto de perder en la red de la obviedad el descubrimiento de una nueva palabra, que se presenta ante mí con cara de arcaísmo. El diccionario ilustra su uso en diferentes oraciones, plantea al menos dos acepciones y me riñe silente, preguntándose cómo pude confundir vocablos tan parecidos pero tan distintos.
Huero se define como vacío y vano, se aplica a los huevos sin cría y a los frutos secos sin semilla y no produce nada, está falto de contenido. Pienso entonces en la tragedia de ser un discurso huero, justo cuando la clave de la palabra está en su capacidad de crear, de engendrar sentido, de hacer magia. Me duelo un segundo por los escritores que producen en masa libros como huevos hueros y almendras sin hueso, que pasan por el corazón de sus lectores sin consecuencias, que no motivan la pasión ni espabilan la locura. Terminando estas líneas me pregunto si no seré yo una de las desdichadas hijas de esa estirpe y recojo la red para continuar con esta pesca maravillosa.